Hubo un tiempo en el que la sostenibilidad sonaba bien, pero se quedaba en la superficie. Hoy ya no basta con que algo “parezca” responsable: queremos sentir que lo es. Queremos saber qué historia hay detrás de lo que llevamos, cómo se ha hecho y por qué merece acompañarnos. En ese punto exacto aparece Soruka.
Su presencia como expositora en MOMAD, la feria internacional de moda, calzado y accesorios organizada por IFEMA Madrid, no llega como un gesto aspiracional, sino como una consecuencia natural. La de una marca que ha encontrado su lugar dentro del circuito profesional sin renunciar a una mirada sensible, cercana y profundamente humana. Desde el cuero reciclado, Soruka. construye una idea de lujo que no intimida, que no presume, que se vive.
Cuando el material tiene memoria

En Soruka., el cuero reciclado no es un argumento bonito: es el origen de todo. Pieles que ya tuvieron una primera vida vuelven a transformarse en bolsos con carácter, con matices, con pequeñas irregularidades que los hacen reales.
Eso se nota al tocarlos. En la mezcla de colores, en las texturas, en los detalles en pelo con estampados animales que no siguen una lógica perfecta, sino una lógica emocional. Cada bolso es distinto porque cada material lo es. Y ahí está gran parte de su encanto.
Bolsos que se integran en tu día a día
No todos los accesorios saben convivir con la rutina. Los de Soruka. sí. Bandoleras que se adaptan al movimiento, shoppers que acompañan jornadas largas, formatos compactos pensados para lo esencial.
Son bolsos que no reclaman atención constante, pero que siempre suman. Que funcionan con vaqueros, con vestidos fluidos o con un look más urbano. Que aportan color y personalidad sin imponer un estilo concreto. Se llevan con naturalidad, como si siempre hubieran estado ahí.
Artesanía que se siente actual
La artesanía, cuando está bien entendida, no es nostalgia. En Soruka, es una forma de trabajar con calma, de respetar el proceso y de cuidar cada detalle sin artificios.
Ese ritmo más pausado se traduce en piezas que no parecen pensadas para una sola temporada. Son bolsos que envejecen bien, que se adaptan, que cuentan algo distinto con el paso del tiempo. Y eso, hoy, es casi un lujo silencioso.
Una sostenibilidad que no necesita discurso
Soruka no intenta convencer con palabras. Lo hace con el uso. Con la durabilidad. Con la sensación de coherencia que se mantiene cuando pasa el primer entusiasmo y el bolso sigue ahí, acompañando.
En un entorno saturado de mensajes verdes, esta forma de hacer resulta casi reconfortante. No hay promesas exageradas, solo decisiones bien tomadas.
El poder de los pequeños detalles

Los acabados en pelo, las costuras visibles, los contrastes cromáticos… Nada está ahí para gustar a todo el mundo. Y eso es precisamente lo que construye identidad.
Soruka no necesita logotipos evidentes ni códigos reconocibles a distancia. Su lenguaje es más íntimo, más personal. Se reconoce en el gesto, en la textura, en la manera en que el bolso se convierte en parte de quien lo lleva.
Un lugar propio dentro de la moda consciente
Dentro del panorama europeo de la moda responsable, Soruka. no intenta encajar en moldes preexistentes. No apuesta por el minimalismo extremo ni por la innovación tecnológica como bandera. Su camino es otro: reinterpretar el residuo con sensibilidad, convertir lo olvidado en algo deseable y funcional.
Su paso por MOMAD IFEMA Madrid confirma algo importante: esta forma de entender la moda ya no es alternativa. Es presente.












