Hablar de perimenopausia y menopausia no es exagerar, ni dramatizar, ni ponerle un filtro bonito a una etapa compleja.
Hablar de ello es nombrar una realidad biológica y vital que, con mayor o menor intensidad, va a atravesar la mitad de la población mundial. Y, sin embargo, sigue siendo una de las etapas más silenciadas de la vida femenina.
Los profesionales de la salud coinciden en algo clave: el gran problema de la perimenopausia y la menopausia no son únicamente los síntomas, sino la falta de información previa. Muchas mujeres llegan a esta etapa sin saber qué les está ocurriendo, sin entender por qué su cuerpo responde de forma distinta, y pensando —erróneamente— que algo “va mal”.
La perimenopausia es el periodo de transición previo a la menopausia. No empieza de un día para otro, ni ocurre solo a partir de los 50. De hecho, cada vez más especialistas señalan que puede comenzar en la treintena tardía o a principios de los 40, y prolongarse durante varios años. Durante este tiempo, la producción de estrógenos y progesterona se vuelve irregular, y esa fluctuación hormonal impacta en múltiples sistemas del cuerpo: metabolismo, masa muscular, estado de ánimo, sueño, piel, concentración y salud cardiovascular.
La menopausia, por su parte, se define clínicamente cuando han pasado 12 meses consecutivos sin menstruación. Pero cuando ese momento llega, el cuerpo ya lleva tiempo adaptándose. Lo que ocurre es que nadie nos explicó que esta transición existía, ni cómo acompañarla con calma y conocimiento.
Los profesionales también señalan que entre un 60 % y un 80 % de las mujeres experimentan síntomas físicos o emocionales relevantes, como sofocos, alteraciones del sueño, cambios en el estado de ánimo, fatiga o dificultades de concentración. Aun así, muchas siguen viviendo estos cambios en silencio, normalizando el malestar o minimizándolo.
Hablar de perimenopausia y menopausia no es romantizarla: es dejar de vivirla a oscuras.
Sí, el cuerpo cambia. Y decirlo es un acto de honestidad
Claro que el cuerpo cambia. Decirlo no es resignación, es realismo.
En consulta, a veces escucho:
“Marta, no lo entiendes porque tienes 31 años”.
Y es cierto. No lo vivo aún en mi propio cuerpo. Pero también es cierto que he acompañado a muchas mujeres en esta etapa, y eso enseña. Mucho.
Hoy sé que:
- Tendré más tendencia a acumular grasa en la zona abdominal, aunque haga ejercicio.
- Mantener el tono muscular requerirá estrategia, descanso y fuerza bien entrenada.
- La producción de colágeno disminuirá, y la piel perderá firmeza.
- Puede aparecer más celulitis, aunque me cuide.
- Si tengo hijos, el abdomen no volverá a ser igual.
- Y si doy el pecho, los pechos cambiarán.
Lo sé. Y no me da miedo.
Comprender el cuerpo cambia la relación con él
Cuando una mujer entiende lo que está pasando en su cuerpo, algo se transforma:
- Deja de culparse.
- Deja de castigarse.
- Deja de compararse con versiones pasadas de sí misma.
Empieza a cuidarse con más respeto y menos autoexigencia. El conocimiento reduce el miedo y abre espacio para el autocuidado real.
Llegar a la menopausia también es haber llegado hasta aquí
Con los años —y por vivencias personales y profesionales— he entendido algo esencial: la vida es frágil. Hoy estamos, mañana nadie lo garantiza.
Por eso, llegar a la perimenopausia y a la menopausia no es una pérdida.
Es, sencillamente, haber vivido.
Es haber atravesado etapas.
Es seguir aquí.
Y eso, aunque pocas veces se diga, es un regalo.
La vida no se acaba: se transforma
Nos han contado que esta etapa marca el final de algo. Pero muchas mujeres descubren justo lo contrario.
Después:
- Se escuchan más.
- Se priorizan mejor.
- Se conocen con más profundidad.
La vida no se apaga. Se reorganiza. Y, para muchas, se vuelve más auténtica.
Hoy tenemos más herramientas que nunca
Aquí está una de las mejores noticias: nunca antes habíamos tenido tanta información ni tantos recursos para transitar esta etapa con calidad de vida.
Hoy contamos con:
- Entrenamientos específicos para mantener masa muscular y fuerza funcional.
- Estrategias nutricionales adaptadas al nuevo contexto hormonal.
- Cuidado de la salud metabólica y vascular.
- Terapia hormonal, cuando está indicada y bien pautada.
- Suplementación y apoyos ergogénicos con base científica.
Visibilizar no es romantizar: es cuidar
Hablar de perimenopausia y menopausia no significa negar las dificultades. Significa decir la verdad:
que hay cambios, que hay días difíciles, y que el cuerpo pide otras cosas.
Nombrarlo es una forma de cuidado colectivo. De dejar de vivir esta etapa en soledad.
Hablar de perimenopausia y menopausia no es exagerar ni idealizar. Es poner luz, información y humanidad a una etapa natural de la vida.
Porque llegar hasta aquí es vivir.
Porque la vida no termina: se abre a otras versiones de nosotras mismas.
Y porque transitarla informadas, acompañadas y sin miedo lo cambia todo. 💛





